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  LA SANGRE Y EL DESERTOR

Argumento:


Agustín Viñas es un joven que acaba de terminar la secundaria, pero se encuentra con un repentino problema producto del inesperado embarazo de su novia. Este acontecimiento acelera su decisión por realizar una carrera en la vida militar y se alista como recluta, con la esperanza de convertirse en sub-oficial del ejercito y hacer una carrera militar como su padre.
Pero al poco tiempo de enrolarse, es enviado a la zona del alto Huallaga en Perú. La zona más conflictiva en la década de los ochenta. En este lugar es obligado a participar en una infame misión en donde mueren muchos inocentes. A partir de allí, Agustín inicia una larga cadena de acontecimientos trágicos alrededor de su vida que terminan por convertirlo en un ser autodestructivo y desprovisto de sentimientos.

Stories | Novel | Poetry |

unedited material

 
Capitulo I

"CALCULOS PERVERSOS"

Antes de empezar a escribir sus cartas, Agustín Viñas, se había tomado mucho tiempo para tomar una decisión; Pero, había llegado por fin el día en que se encontraba de mejor disposición para hacerlo. No tenia idea de cuantas horas había pasado frente a la hoja en blanco y, aunque aun no había escrito nada, en realidad tampoco sabía si las mismas llegarían finalmente a las manos de Alejandra.
Tenía una gran necesidad de que ella supiera toda la verdad de sus propias manos.

Agustín; miro el cielo por entre la ventana que se situaba en lo alto de su celda y por la ubicación de la luna, calculo que no faltaba nada para las diez de la noche, entonces supo que las luces en su celda pronto se apagarían. De todos modos inicio su exploración interior, cuidándose de no ser agresivo al momento de escribir.
No le interesaba ni el estilo, ni la estética de sus palabras; Si no, tan solo lo que necesitaba decir, en el fondo de su mente había una raíz temerosa y otra fuertemente lucida que le otorgaban la serenidad necesaria para ello.

- ¿Que significaba un amor loco?

Se pregunto en la primera línea que alcanzo a escribir e inmediatamente continúo.
Es cuando te apasionas por alguien hasta el punto de volverte dócil y perder el dominio de tus actos.

- Ese es mi concepto de amor loco: Un juego apasionado y engañoso, sacrificado y miserable, violento y egoísta, sagrado y escandaloso.

Muy profundo en su mente, no dejo de hacer cálculos perversos.
Sin desearlo, se puso a hojear los poemas que había escrito antes, cuando aun era libre y no pudo evitar contrastarlos con los que había realizado durante su encierro. Esos poemas realmente le gustaban; aunque era fácil percibir un sentimiento depresivo en ellos, pero él era conciente de que le resultaba inevitable no ceder a eso.
Había una excesiva presencia de nostalgia en todos ellos; pero de todos modos le agradaban, pues habían nacido de una reflexión espontánea y bastante improvisada.
Finalmente; se convenció de que esos poemas guardaban emociones y sentimientos verdaderos, que le habían provocado la motivación necesaria para crearlos.
Agustín, se detuvo y reflexiono un instante antes de continuar escribiendo:

- Yo intento desesperadamente afirmarme primero, mientras tú Alejandra, buscas un acto de justicia que supones liberador y luego; recién me descubres.
Tu nunca supiste de las horrendas experiencias que viví, durante el tiempo que hice el servicio militar en el ejército; Trate siempre de mantenerte alejada de todo eso y aun así; me es necesario reconocer que te mantuviste junto a mí, con una admirable fuerza interior. A pesar que desde mi regreso, te obligaba a perdonar todas mis faltas. Estabas siempre ahí…


Volvió a detenerse otro instante y reflexiono nuevamente. Esta vez preguntándose:

- ¿Porque lo harías?

Agustín, no pudo evitar todo el caudal de contradicciones, producto de esta reflexión. Le producía un fuerte choque, la personalidad sensible y generosa de Alejandra, con sus actitudes personales, muchas veces injusta y desequilibrada. El; que siempre se había considerado como un tipo contradictorio, ambivalente, cruel, mentiroso y arbitrario; ahora sentía que recorría un difícil camino para ir encontrándose consigo mismo.
Con Alejandra estaba de alguna manera humanizándose, a cambio de entregarle su alma, él; tenia derecho a ponerse su piel y a beber de su aliento. Sentía que todo había sido verdadero entre ellos, desde lo más profundo de sus sentimientos podía comprobar que esas contradicciones a ambos los hacían mas interesantes.

El esperaba, que a pesar de lo pasado, ella pudiera seguir adelante. Había cambiado tantas cosas en él. Ahora se arrepentía de todo lo que había hecho y soñaba con una oportunidad para empezar de nuevo. Quería renacer de nuevo para reivindicarse con ella y con la vida a través de un nuevo y puro amor.

Solo que en una cárcel, como en la vida en general; no basta tener fe, intentar vivir o no creer en nada. Todo resulta en vano, como siempre.
Agustín creía que la única manera de ser el mismo, era a través de los resquicios de amor que le quedaban. Siempre supo que Alejandra estaba allí, afuera, en ese gran mundo y que lo esperaba. Confiaba sobre todo, en que ella aun lo amara.

- Sabes Alejandra, la vida siempre me sorprende y me resulta bueno descubrir que dentro de la cárcel, cada uno es un universo, único y distinto. Eso lo he aprendido rápido, al igual que no debo juzgar a las personas sin saber mas de ellas, sin otorgarme la oportunidad de conocerlas. Aquí dentro, todos los presos aparentan ser rudos, pero pocos realmente lo son, detrás de esa falsa dureza hay algunos que son diferentes y muchas veces hasta sensibles...

¡Mierda...! Cuanto le molestaba esta característica exageradamente emotiva de sí mismo. Ahora creía saber por que le molestaban sus poesías y era simplemente porque le recordaban su amor frustrado, que lo hacían sentirse fracasado y culpable. Muchas veces se había preguntado:

¿Que seria lo que pensaba Alejandra, cuando descubría algún nuevo poema para ella?

Agustín cerro los ojos en ese momento y recordó la belleza del arco iris en el amazonas, estaba tan lejos de volver a disfrutar de ese arco iris que sus recuerdos se esforzaron en ser precisos con todo eso.
Pero más precisos, eran sus recuerdos de la caliente personalidad de Alejandra.
Siempre había pensado que ella tenía un fuego interior, parecido a un volcán y que cada orgasmo era una erupción volcánica, que le quemaba el pene, cada vez que estaba dentro de ella.
Recordó con cierta inquietud, cuando Alejandra agotada caía sobre su pecho y el veía brillar su piel sudorosa. Ese solo recuerdo lo estremeció de excitación.

La atmósfera de su celda, empezó a calentarse al recordar esos momentos. Rápidamente recordó, todas las vaginas en las que había calentado sus manos y humedecido sus labios, pero ninguna de ellas parecía tener el ardor de Alejandra.
Ahora bien; se habían buscado y se habían encontrado, se habían seducido como pocos con todo el fuego de su pasión; Agustín creía que les quedaba mucha todavía reservada.

Agustín se detuvo bastante sobresaltado. Escribirle una carta a Alejandra estaba resultando más complicado de lo que había imaginado, sobre todo por que no podía evitar la erección que delataba cuanto lo excitaba. En esos momentos se lamento de haber rechazado su amor y el que ella lo quisiera tanto.

- ¿Acaso te abandone; cuándo supe que estarías conmigo por siempre...?

Alejandra era una mujer realmente hermosa. Agustín muchas veces pensaba, si acaso ella no era más que el producto de su imaginación. Pero Alejandra era real, toda una mujer. Dios le había otorgado una personalidad sutilmente sensual y voluptuosa. Además de poseedora de una gran fuerza interior.

En esos momentos, su mente empezó a girar y a girar como un remolino que se agitara en charcos de desdichas, sintió que se hundía en aquel dolor que se tiene, al renunciar al amor de la mujer que en verdad amas y luego te arrepientes de haberlo hecho.
Pensó en Alejandra y no pudo disimular la tremenda inquietud que sentía, por no saber de los problemas que podría estar pasado. Pero esa inquietud, no era nada comparable con el temor que sentía de volver a verla.

Fue entonces que prefirió jugar con su imaginación otra vez y a su mente, le llego con absoluta nitidez la imagen de Alejandra, proyectándose sobre una de las paredes de su celda. Estaba vestida con el camisón de dormir, que él alguna vez le había regalado y no pudo evitar una agitación en todo el cuerpo, cuando la imagino sentada al frente suyo, con las piernas totalmente abiertas.
Agustín busco concentrarse para tener una visión más nítida del momento y lo logro.
En esos precisos momentos, podía sentir los vellos sedosos del pubis de Alejandra y también sentir la calidez que se desprendía de su sexo.
Estaba tan concentrado, que pudo abrir los ojos y continuar imaginándola, tanto que tomo el lápiz, busco una hoja nueva y empezó a describir el sexo de Alejandra en detalles:

- Los pelos de su pubis son oscuros y hacen un suave contraste con el color de su piel, su estomago es firme y muestra unos sutiles músculos en el abdomen, su espalda pareciera tener unas alas invisibles, pues hacen una extraña curva al final, que es rematado por unas nalgas redondas y perfectas, esto ayuda a que mi pelvis encaje perfectamente al momento de cogerla, sea por delante o por detrás. Tiene una boca gruesa y roja, sus jadeos en mi memoria son música de ardores interiores.
Hacer el amor con Alejandra, es un viaje a otra dimensión: intenso y agotador.
Ahora puedo decir que teníamos ese punto en común, aunque tal vez solo era la magnitud cósmica que nos envolvía.

Agustín se excito tanto con estos recuerdos, que le provocaron en esos instantes tenerla de verdad al frente suyo, abrazarla, lamer su cuerpo entero humedecido de sudor, ponerla en un altar con flores y hacerle el amor.
El imagino la sonrisa de Alejandra en esos precisos momentos. Como sea; durante todo ese tiempo, había seguido enamorado de ella y esos recuerdos habían reforzado permanentemente sus ganas de sonreír también. Ella poseía una ternura que el no había encontrado en ninguna otra mujer.

Agustín reflexiono una vez más y se hizo una nueva pregunta:

- ¿Acaso todo fue tiempo y vida desperdiciada?

Tardo un buen rato antes de darse una buena respuesta:

- Que difícil resulta tener respuestas a preguntas nunca imaginadas. Estas preguntas yacen en el interior de uno mismo, como una vieja bodega en la que vamos almacenando todas las preguntas difíciles, las que hacen daño. Y tratamos de olvidar siempre el lugar en donde escondemos la llave y no tener que abrirlas nunca mas…

Agustín volvió a cerrar los ojos y nuevamente, imagino a Alejandra. Trataba de volver a sentirla cerca otra vez, hizo un esfuerzo mas grande y cerro sus ojos, frunciendo el ceño y entreabriendo sus labios. Fue entonces que Alejandra le dio un beso tan real, que pudo sentir la humedad de sus labios, así como su calida y agitada respiración.
Agustín se dejo caer sobre su dura cama, soñando; Justo, en el preciso instante en que las luces de toda la prisión se apagaban.
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CAPITULO II

La edad inocente

Cada d�a era un suplicio interminable para Agust�n. Pero; esperaba poder resistir hasta el final de sus circunstancias, escribir le ayudaba a sobrellevar los malos momentos.

Dicen que en nuestro rostro esta el reflejo de nuestra alma, pero yo siempre he tenido una imagen diferente de lo que realmente soy, mi presencia es sobresaliente y brillante, pero mi esp�ritu es violento, denso e intolerante.

Agust�n era consciente de que pronto se acabar�an sus ansias de libertad; ahora present�a que se le achicaba el horizonte y ya no pensaba en seguir gritando.

A partir de estos momentos... � continuo escribiendo- empezare a sonre�r, expulsando mi tristeza, recordando y apreciando a los pocos amigos que me quedan.

Cuando era ni�o, siempre imaginaba que tenia alas para volar, en ese entonces mi vida era relajada y placida; admiro a las aves por esa capacidad que poseen, disfruto vi�ndolos deslizarse con el viento. Creo realmente con pasi�n, de que si puedes volar, puedes escapar de la muerte.

Agust�n, siempre hab�a sido un chico listo y sobresaliente, en la escuela nunca tuvo problemas, pues hab�a sido uno de los primeros de su clase, pero al llegar a la secundaria, empez� a volverse ma�oso con su inteligencia, cobraba por los ex�menes que ayudabaa resolver, para ganar un poco de dinero y tambi�n lo aprovechaba para seducir a las jovencitas holgazanas pero hermosas.Record� que sus aventuras sexuales se dieron inicio desde ese entonces.

En su casa, solo fueron dos hermanos varones. Ra�l su hermano, era muchos a�os mayor y siempre se mantuvo distante, sus amigos nunca fueron sus amigos y pocas veces alcanzo a beber, alguna cerveza con �l. Aunque siempre se porto como un buen hermano, fuera de sus indiferencias, record� con cari�o sus regalos y cuidados.

Muy jovencito, Ra�l se fue a vivir con una mujer mayor, tuvo tres hijos y eran muy pocas las ocasiones que se dejaba ver desde entonces. Su madre tenia un rostro hermoso, de una mediana estatura y una elegancia caprichosa. Siempre mantuvo su entusiasmo y buena disposici�n. Desde ni�a hab�a so�ado con una familia perfecta, cultivaba con esmero y amor la uni�n entre ellos. Pero una tarde la encontraron tirada sobre su cama, sin vida. Un paro cardiaco hab�a acabado con ella, fue una muerte r�pida y felizmente sin dolor, lloraron su muerte durante largo tiempo.

Al pasar los a�os, su padre se volvi� a casar y solicito trasladarse a otra ciudad, para entonces su hermano se hab�a ido junto a su flamante mujer y Agust�n, ya no era un ni�o. Era un joven adolescente con sentido de independencia. Decidi� quedarse en Iquitos, su padre antes de partir, se puso d� acuerdo con el propietario de una quinta y lo llevar�a lejos del barrio, en donde hab�a crecido.

Poco a poco, la comunicaci�n con su padre se fue volviendo m�s circunstancial, de todos modos guardaba una exagerada admiraci�n por su labor y lo recordaba con un tinte de h�roe. Pens� en �l y en todas sus historias de batallas, en aquellas noches que ahora se le hac�an lejanas, record� que en ese tiempo sent�a grandes deseos de hacer una carrera militar, se consideraba lo suficientemente listo para pasar las pruebas de habilidad intelectual y f�sica. Pero no fue, sino; hasta despu�s de terminar la secundaria, que eso se volver�a realidad.

Agust�n hab�a admirado a su padre desde que era un ni�o, recordaba constantemente las reuniones familiares, en donde �l siempre contaba historias en donde mor�an soldados y gente; sus aventuras militares, fueron motivos de tertulias interminables, la palabra m�rtir y h�roe era pronunciada muchas veces. Los relatos de su padre, ten�an historias en donde los veranos se hac�an pesados en el amazonas, de la humedad que pudr�a los basurales y las hojas del bosque, el dolor de cabeza que sufr�an, oliendo la acritud de su propio sudor y el agua que parec�a no tener efecto.

la vida entera � dec�a - era tan miserable y dif�cil de soportar...

En aquellas batallas fronterizas, murieron muchos de los amigos de su padre, as� que iban con �l, al cementerio algunos fines de semana, para acompa�arlo a poner flores en las tumbas de sus compa�eros ca�dos. Aunque pocas veces oraba por ellos. Agust�n y su hermano, observaban con cierta angustia a su padre, quien de vez en cuando dejaba escapar una lagrima, cada vez que visitaban la tumba de su madre.

En otras ocasiones, eran los campeonatos de f�tbol, motivos de alegr�as compartidas entre su familia; tambi�n estaban los problemas, que siempre se afrontaban de cara. As� fue; siempre se mantuvieron cerca, un gesto, un silbido, fueron se�ales para estar presentes cada vez que se los necesitaba. Agust�n recordaba a su padre siempre vigilante, junto a sus cl�sicos cigarrillos winston, con las manos capaces de romper cadenas y sus ojos so�adores llenos de preguntas. Tal vez..., su padre tenia algunas actitudes raras, a veces f�cil se conmov�a, era buen amigo y compa�ero. Jam�s le hab�a o�do justificar una tortura y nunca quiso exponerse a que lo pisen.

Un temblor de piel, se manifiesto en su cuerpo frente a este recuerdo.

Ahora; �l cre�a verlo en cada esquina, como un hombre cualquiera y sent�a deseos de detenerlo en la calle, hablar sobre la vida, del culo de una muchacha bonita al pasar. Tener alguna pelea en donde lucirse frente a �l. Mostrarle de que era capaz de construir, los dos con la cara al viento, los ojos abiertos para mirar el rostro de la gente.

Ahora que se encontraba encerrado, imagino la mueca triste de su padre, estaba seguro de que el ya sabia de su encierro. Agust�n paralizo su agon�a de escribir un instante y uso un espacio de su cuaderno para dibujarsoles y nubes, lunas y estrellas..., por ultimo, delineo el rostro de su padre de memoria.

Entonces se prometi� a s� mismo, que de volver a tener otra oportunidad de vivir, realizar�a sus sue�os y buscar�a no equivocarse.

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