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| Capitulo I
"CALCULOS PERVERSOS"
Antes de empezar a escribir sus cartas, Agustín Viñas,
se había tomado mucho tiempo para tomar una decisión;
Pero, había llegado por fin el día en que se
encontraba de mejor disposición para hacerlo. No tenia
idea de cuantas horas había pasado frente a la hoja
en blanco y, aunque aun no había escrito nada, en realidad
tampoco sabía si las mismas llegarían finalmente
a las manos de Alejandra.
Tenía una gran necesidad de que ella supiera toda la
verdad de sus propias manos.
Agustín; miro el cielo por entre la ventana que se
situaba en lo alto de su celda y por la ubicación de
la luna, calculo que no faltaba nada para las diez de la noche,
entonces supo que las luces en su celda pronto se apagarían.
De todos modos inicio su exploración interior, cuidándose
de no ser agresivo al momento de escribir.
No le interesaba ni el estilo, ni la estética de sus
palabras; Si no, tan solo lo que necesitaba decir, en el fondo
de su mente había una raíz temerosa y otra fuertemente
lucida que le otorgaban la serenidad necesaria para ello.
- ¿Que significaba un amor loco?
Se pregunto en la primera línea que alcanzo a escribir
e inmediatamente continúo.
Es cuando te apasionas por alguien hasta el punto de volverte
dócil y perder el dominio de tus actos.
- Ese es mi concepto de amor loco: Un juego apasionado
y engañoso, sacrificado y miserable, violento y egoísta,
sagrado y escandaloso.
Muy profundo en su mente, no dejo de hacer cálculos
perversos.
Sin desearlo, se puso a hojear los poemas que había
escrito antes, cuando aun era libre y no pudo evitar contrastarlos
con los que había realizado durante su encierro. Esos
poemas realmente le gustaban; aunque era fácil percibir
un sentimiento depresivo en ellos, pero él era conciente
de que le resultaba inevitable no ceder a eso.
Había una excesiva presencia de nostalgia en todos
ellos; pero de todos modos le agradaban, pues habían
nacido de una reflexión espontánea y bastante
improvisada.
Finalmente; se convenció de que esos poemas guardaban
emociones y sentimientos verdaderos, que le habían
provocado la motivación necesaria para crearlos.
Agustín, se detuvo y reflexiono un instante antes de
continuar escribiendo:
- Yo intento desesperadamente afirmarme primero, mientras
tú Alejandra, buscas un acto de justicia que supones
liberador y luego; recién me descubres.
Tu nunca supiste de las horrendas experiencias que viví,
durante el tiempo que hice el servicio militar en el ejército;
Trate siempre de mantenerte alejada de todo eso y aun así;
me es necesario reconocer que te mantuviste junto a mí,
con una admirable fuerza interior. A pesar que desde mi regreso,
te obligaba a perdonar todas mis faltas. Estabas siempre ahí…
Volvió a detenerse otro instante y reflexiono nuevamente.
Esta vez preguntándose:
- ¿Porque lo harías?
Agustín, no pudo evitar todo el caudal de contradicciones,
producto de esta reflexión. Le producía un fuerte
choque, la personalidad sensible y generosa de Alejandra,
con sus actitudes personales, muchas veces injusta y desequilibrada.
El; que siempre se había considerado como un tipo contradictorio,
ambivalente, cruel, mentiroso y arbitrario; ahora sentía
que recorría un difícil camino para ir encontrándose
consigo mismo.
Con Alejandra estaba de alguna manera humanizándose,
a cambio de entregarle su alma, él; tenia derecho a
ponerse su piel y a beber de su aliento. Sentía que
todo había sido verdadero entre ellos, desde lo más
profundo de sus sentimientos podía comprobar que esas
contradicciones a ambos los hacían mas interesantes.
El esperaba, que a pesar de lo pasado, ella pudiera seguir
adelante. Había cambiado tantas cosas en él.
Ahora se arrepentía de todo lo que había hecho
y soñaba con una oportunidad para empezar de nuevo.
Quería renacer de nuevo para reivindicarse con ella
y con la vida a través de un nuevo y puro amor.
Solo que en una cárcel, como en la vida en general;
no basta tener fe, intentar vivir o no creer en nada. Todo
resulta en vano, como siempre.
Agustín creía que la única manera de
ser el mismo, era a través de los resquicios de amor
que le quedaban. Siempre supo que Alejandra estaba allí,
afuera, en ese gran mundo y que lo esperaba. Confiaba sobre
todo, en que ella aun lo amara.
- Sabes Alejandra, la vida siempre me sorprende y me resulta
bueno descubrir que dentro de la cárcel, cada uno es
un universo, único y distinto. Eso lo he aprendido
rápido, al igual que no debo juzgar a las personas
sin saber mas de ellas, sin otorgarme la oportunidad de conocerlas.
Aquí dentro, todos los presos aparentan ser rudos,
pero pocos realmente lo son, detrás de esa falsa dureza
hay algunos que son diferentes y muchas veces hasta sensibles...
¡Mierda...! Cuanto le molestaba esta característica
exageradamente emotiva de sí mismo. Ahora creía
saber por que le molestaban sus poesías y era simplemente
porque le recordaban su amor frustrado, que lo hacían
sentirse fracasado y culpable. Muchas veces se había
preguntado:
¿Que seria lo que pensaba Alejandra, cuando descubría
algún nuevo poema para ella?
Agustín cerro los ojos en ese momento y recordó
la belleza del arco iris en el amazonas, estaba tan lejos
de volver a disfrutar de ese arco iris que sus recuerdos se
esforzaron en ser precisos con todo eso.
Pero más precisos, eran sus recuerdos de la caliente
personalidad de Alejandra.
Siempre había pensado que ella tenía un fuego
interior, parecido a un volcán y que cada orgasmo era
una erupción volcánica, que le quemaba el pene,
cada vez que estaba dentro de ella.
Recordó con cierta inquietud, cuando Alejandra agotada
caía sobre su pecho y el veía brillar su piel
sudorosa. Ese solo recuerdo lo estremeció de excitación.
La atmósfera de su celda, empezó a calentarse
al recordar esos momentos. Rápidamente recordó,
todas las vaginas en las que había calentado sus manos
y humedecido sus labios, pero ninguna de ellas parecía
tener el ardor de Alejandra.
Ahora bien; se habían buscado y se habían encontrado,
se habían seducido como pocos con todo el fuego de
su pasión; Agustín creía que les quedaba
mucha todavía reservada.
Agustín se detuvo bastante sobresaltado. Escribirle
una carta a Alejandra estaba resultando más complicado
de lo que había imaginado, sobre todo por que no podía
evitar la erección que delataba cuanto lo excitaba.
En esos momentos se lamento de haber rechazado su amor y el
que ella lo quisiera tanto.
- ¿Acaso te abandone; cuándo supe que estarías
conmigo por siempre...?
Alejandra era una mujer realmente hermosa. Agustín
muchas veces pensaba, si acaso ella no era más que
el producto de su imaginación. Pero Alejandra era real,
toda una mujer. Dios le había otorgado una personalidad
sutilmente sensual y voluptuosa. Además de poseedora
de una gran fuerza interior.
En esos momentos, su mente empezó a girar y a girar
como un remolino que se agitara en charcos de desdichas, sintió
que se hundía en aquel dolor que se tiene, al renunciar
al amor de la mujer que en verdad amas y luego te arrepientes
de haberlo hecho.
Pensó en Alejandra y no pudo disimular la tremenda
inquietud que sentía, por no saber de los problemas
que podría estar pasado. Pero esa inquietud, no era
nada comparable con el temor que sentía de volver a
verla.
Fue entonces que prefirió jugar con su imaginación
otra vez y a su mente, le llego con absoluta nitidez la imagen
de Alejandra, proyectándose sobre una de las paredes
de su celda. Estaba vestida con el camisón de dormir,
que él alguna vez le había regalado y no pudo
evitar una agitación en todo el cuerpo, cuando la imagino
sentada al frente suyo, con las piernas totalmente abiertas.
Agustín busco concentrarse para tener una visión
más nítida del momento y lo logro.
En esos precisos momentos, podía sentir los vellos
sedosos del pubis de Alejandra y también sentir la
calidez que se desprendía de su sexo.
Estaba tan concentrado, que pudo abrir los ojos y continuar
imaginándola, tanto que tomo el lápiz, busco
una hoja nueva y empezó a describir el sexo de Alejandra
en detalles:
- Los pelos de su pubis son oscuros y hacen un suave contraste
con el color de su piel, su estomago es firme y muestra unos
sutiles músculos en el abdomen, su espalda pareciera
tener unas alas invisibles, pues hacen una extraña
curva al final, que es rematado por unas nalgas redondas y
perfectas, esto ayuda a que mi pelvis encaje perfectamente
al momento de cogerla, sea por delante o por detrás.
Tiene una boca gruesa y roja, sus jadeos en mi memoria
son música de ardores interiores.
Hacer el amor con Alejandra, es un viaje a otra dimensión:
intenso y agotador.
Ahora puedo decir que teníamos ese punto en común,
aunque tal vez solo era la magnitud cósmica que nos
envolvía.
Agustín se excito tanto con estos recuerdos, que
le provocaron en esos instantes tenerla de verdad al frente
suyo, abrazarla, lamer su cuerpo entero humedecido de sudor,
ponerla en un altar con flores y hacerle el amor.
El imagino la sonrisa de Alejandra en esos precisos momentos.
Como sea; durante todo ese tiempo, había seguido enamorado
de ella y esos recuerdos habían reforzado permanentemente
sus ganas de sonreír también. Ella poseía
una ternura que el no había encontrado en ninguna otra
mujer.
Agustín reflexiono una vez más y se hizo una
nueva pregunta:
- ¿Acaso todo fue tiempo y vida desperdiciada?
Tardo un buen rato antes de darse una buena respuesta:
- Que difícil resulta tener respuestas a preguntas
nunca imaginadas. Estas preguntas yacen en el interior de
uno mismo, como una vieja bodega en la que vamos almacenando
todas las preguntas difíciles, las que hacen daño.
Y tratamos de olvidar siempre el lugar en donde escondemos
la llave y no tener que abrirlas nunca mas…
Agustín volvió a cerrar los ojos y nuevamente,
imagino a Alejandra. Trataba de volver a sentirla cerca otra
vez, hizo un esfuerzo mas grande y cerro sus ojos, frunciendo
el ceño y entreabriendo sus labios. Fue entonces que
Alejandra le dio un beso tan real, que pudo sentir la humedad
de sus labios, así como su calida y agitada respiración.
Agustín se dejo caer sobre su dura cama, soñando;
Justo, en el preciso instante en que las luces de toda la
prisión se apagaban.
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| CAPITULO II
La edad inocente
Cada d�a era un suplicio interminable para Agust�n.
Pero; esperaba poder resistir hasta el final de sus circunstancias,
escribir le ayudaba a sobrellevar los malos momentos.
Dicen que en nuestro rostro esta el reflejo de nuestra
alma, pero yo siempre he tenido una imagen diferente de lo
que realmente soy, mi presencia es sobresaliente y brillante,
pero mi esp�ritu es violento, denso e intolerante.
Agust�n era consciente de que pronto se acabar�an sus ansias
de libertad; ahora present�a que se le achicaba el horizonte
y ya no pensaba en seguir gritando.
A partir de estos momentos... � continuo escribiendo-
empezare a sonre�r, expulsando mi tristeza, recordando
y apreciando a los pocos amigos que me quedan.
Cuando era ni�o, siempre imaginaba que tenia alas
para volar, en ese entonces mi vida era relajada y placida;
admiro a las aves por esa capacidad que poseen, disfruto vi�ndolos
deslizarse con el viento. Creo realmente con pasi�n, de que
si puedes volar, puedes escapar de la muerte.
Agust�n, siempre hab�a sido un chico listo y sobresaliente,
en la escuela nunca tuvo problemas, pues hab�a sido uno de
los primeros de su clase, pero al llegar a la secundaria,
empez� a volverse ma�oso con su inteligencia, cobraba por
los ex�menes que ayudaba� a
resolver, para ganar un poco de dinero y tambi�n lo aprovechaba
para seducir a las jovencitas holgazanas pero hermosas.Record�
que sus aventuras sexuales se dieron inicio desde ese entonces.
En su casa, solo fueron dos hermanos varones. Ra�l su hermano,
era muchos a�os mayor y siempre se mantuvo distante, sus amigos
nunca fueron sus amigos y pocas veces alcanzo a beber, alguna
cerveza con �l. Aunque siempre se porto como un buen hermano,
fuera de sus indiferencias, record� con cari�o sus regalos
y cuidados.
Muy jovencito, Ra�l se fue a vivir con una mujer mayor, tuvo
tres hijos y eran muy pocas las ocasiones que se dejaba ver
desde entonces. Su madre tenia un rostro hermoso, de una mediana
estatura y una elegancia caprichosa. Siempre mantuvo su entusiasmo
y buena disposici�n. Desde ni�a hab�a so�ado con una familia
perfecta, cultivaba con esmero y amor la uni�n entre ellos.
Pero una tarde la encontraron tirada sobre su cama, sin vida.
Un paro cardiaco hab�a acabado con ella, fue una muerte r�pida
y felizmente sin dolor, lloraron su muerte durante largo tiempo.
Al pasar los a�os, su padre se volvi� a casar y solicito trasladarse
a otra ciudad, para entonces su hermano se hab�a ido junto
a su flamante mujer y Agust�n, ya no era un ni�o. Era un joven
adolescente con sentido de independencia. Decidi� quedarse
en Iquitos, su padre antes de partir, se puso d� acuerdo con
el propietario de una quinta y lo llevar�a lejos del barrio,
en donde hab�a crecido.
Poco a poco, la comunicaci�n con su padre se fue volviendo
m�s circunstancial, de todos modos guardaba una exagerada
admiraci�n por su labor y lo recordaba con un tinte de h�roe.
Pens� en �l y en todas sus historias de batallas, en aquellas
noches que ahora se le hac�an lejanas, record� que en ese
tiempo sent�a grandes deseos de hacer una carrera militar,
se consideraba lo suficientemente listo para pasar las pruebas
de habilidad intelectual y f�sica. Pero no fue, sino; hasta
despu�s de terminar la secundaria, que eso se volver�a realidad.
Agust�n hab�a admirado a su padre desde que era un ni�o, recordaba
constantemente las reuniones familiares, en donde �l siempre
contaba historias en donde mor�an soldados y gente; sus aventuras
militares, fueron motivos de tertulias interminables, la palabra
m�rtir y h�roe era pronunciada muchas veces. Los
relatos de su padre, ten�an historias en donde los veranos
se hac�an pesados en el amazonas, de la humedad que pudr�a
los basurales y las hojas del bosque, el dolor de cabeza que
sufr�an, oliendo la acritud de su propio sudor y el agua que
parec�a no tener efecto.
la vida entera � dec�a - era tan miserable y dif�cil de soportar...
En aquellas batallas fronterizas, murieron muchos de los amigos
de su padre, as� que iban con �l, al cementerio algunos fines
de semana, para acompa�arlo a poner flores en las tumbas de
sus compa�eros ca�dos. Aunque pocas veces oraba por ellos.
Agust�n y su hermano, observaban con cierta angustia a su
padre, quien de vez en cuando dejaba escapar una lagrima,
cada vez que visitaban la tumba de su madre.
En otras ocasiones, eran los campeonatos de f�tbol, motivos
de alegr�as compartidas entre su familia; tambi�n estaban
los problemas, que siempre se afrontaban de cara. As� fue;
siempre se mantuvieron cerca, un gesto, un silbido, fueron
se�ales para estar presentes cada vez que se los necesitaba.
Agust�n recordaba a su padre siempre vigilante, junto a sus
cl�sicos cigarrillos winston, con las manos capaces de romper
cadenas y sus ojos so�adores llenos de preguntas. Tal vez...,
su padre tenia algunas actitudes raras, a veces f�cil se conmov�a,
era buen amigo y compa�ero. Jam�s le hab�a o�do justificar
una tortura y nunca quiso exponerse a que lo pisen.
Un temblor de piel, se manifiesto en su cuerpo frente a este
recuerdo.
Ahora; �l cre�a verlo en cada esquina, como un hombre cualquiera
y sent�a deseos de detenerlo en la calle, hablar sobre la
vida, del culo de una muchacha bonita al pasar. Tener alguna
pelea en donde lucirse frente a �l. Mostrarle de que era capaz
de construir, los dos con la cara al viento, los ojos abiertos
para mirar el rostro de la gente.
Ahora que se encontraba encerrado, imagino la mueca triste
de su padre, estaba seguro de que el ya sabia de su encierro.
Agust�n paralizo su agon�a de escribir un instante y uso un
espacio de su cuaderno para dibujar�
soles y nubes, lunas y estrellas..., por ultimo, delineo
el rostro de su padre de memoria.
Entonces se prometi� a s� mismo, que de volver a tener otra
oportunidad de vivir, realizar�a sus sue�os y buscar�a no
equivocarse.
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