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Stories | Novel | Poetry |

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RUNA MULA

La historia que les voy a relatar sucedió cuando yo tenía ocho años de edad. Recuerdo que fue una tarde cualquiera y me encontraba sentado en la vereda de mi casa junto a mi abuela Rosa, cuando en eso pasó cerca de nosotros una dama que había llegado a vivir en el barrio hacía solo unos pocos días. Mi abuela, esperó que la dama estuviera suficientemente lejos de nosotros para susurrarme en los oídos:

- Esa señora que acaba de pasar es una Runa mula. - ¿Una Runa mula? ¿Qué es eso? pregunté. Inmediatamente mi abuela contestó. - La Runa mula es una mula endemoniada. Ten mucho cuidado con ella, sale después de la medianoche y si encuentra a cualquier persona lo hipnotiza y lo lleva al monte en donde, por una noche, lo convierte en una mula parecida a ella. Trata de no acercarte a esa mujer. Es mejor estar alejados.

Mi abuela continuó relatándome la historia de esa mujer y me dijo que hacía sólo unos días una amiga suya, que venía del mismo pueblo que esta vecina, la reconoció en el mercado y le contó que la mujer hacía unos años atrás se había enamorado de su propio hermano. Fue tan grande su deseo de estar con él, que finalmente lo consiguió:

-Dicen que desde esa primera noche una maldición cayó sobre ellos y acabó con la vida de su hermano, mientras que a ella la echaron del pueblo. Desde entonces está condenada a vivir como una mujer normal durante el día y por las noches como una Runa mula.
Mi abuela agregó que esa historia la sabía poca gente del pueblo y que pocos la comentaban.

- Tienes suerte de ser pequeño pues al acostarte temprano no corres el riesgo de toparte con ese raro animal dijo mi abuela antes de levantarse para irse a su dormitorio.

Al día siguiente le pregunté a mi madre qué le sucedía a una persona si se topaba frente a frente con una Runa mula. Entonces me contó que las personas que se encontraban con esta especie de bestia las habían hallado convulsionando, echando babas y espuma por la boca, víctimas de un fuerte ataque de susto. También me dijo que todas las víctimas relataban que habían visto una mula galopando alocada, con los ojos rojos y echando fuego por la boca. Todas esas personas se habían desmayado y no recordaban ningún otro detalle de lo sucedido. Mi madre finalizaba diciendo que por eso muy pocos se atrevían a quedarse en las calles del pueblo más allá de la medianoche.

Desde aquella tarde una sensación de miedo me invadía cada vez que se trataba del tema, pero también se incrementó en mi la natural curiosidad para conocer la Runa mula. Pocos días después me ocurrió, que al comentar sobre la Runa mula con mis amigos, me sorprendió que ellos supieran la historia y que también tuvieran muchísimo miedo a la vecina. En realidad nunca habíamos hablado de ella, pues se creía que con el sólo hecho de nombrarla podía uno convocarla para que nos visite a través de nuestros sueños nocturnos. Debido a esto la mayoría de la gente evitaba hablar del tema y, de hecho, nosotros lo comentábamos apenas un instante y luego continuábamos con nuestros juegos.

Al regresar a casa le pregunté a mi abuela si alguien había visto a la nueva vecina en el momento que sufría la transformación y ella me contestó que no, que nadie lo había hecho y que, a decir verdad, nadie sabía con certeza si la señora sufría esta transformación. Pero que la historia relacionada a su hermano era suficiente para suponer que sí era una Runa mula.
Al siguiente día, mientras jugaba con mis amigos Manolo, Luís y Camilo, éste último nos comentó que su tío le había explicado cómo descubrir quién era Runa mula o no. Camilo nos contó que si uno es capaz de vencer el miedo y acechar a una Runa mula para echarle un poco de tinte de wito sobre su cuerpo, al día siguiente si se veían las manchas sobre el cuerpo de alguna persona quedaría más que comprobado su condición de Runa mula.
Luego de escuchar a Camilo nos miramos en silencio durante un largo momento y fue entonces que decidimos desenmascarar a nuestra vecina. Fuimos a la casa de Luís a preparar el tinte, allí planeamos juntarnos antes de la medianoche en una esquina del barrio para que, trepados a un árbol de castañas, esperar la llegada de la Runa mula. Habíamos acordado rociarle un poco de tinte de wito cuando el animal se ubicara debajo del árbol. Se lo echaríamos y ya veríamos al día siguiente qué sucedía.

En la noche cada uno de nosotros esperó pacientemente que nuestras familias se quedaran dormidas. En el momento indicado, cada quien escapó a escondidas y fuimos reuniéndonos en el lugar convenido. Nos trepamos al árbol de castañas y jugamos al yam kem po para elegir quién sería el encargado de echarle el tinte a la Runa mula. ¡Y me tocó a mí!
Esperamos un buen rato nerviosos y en silencio. Poco después de la medianoche escuchamos una mezcla de relincho de caballo con rebuzno de mula, y las pisadas de un animal que galopaba furiosamente por todo el barrio. Nuestros cuerpos se erizaron de susto, pero estábamos decididos a cumplir nuestro cometido por lo que esperamos que se acercara al árbol. Poco después, en una rápida carrera, el animal llegó a ubicarse debajo del árbol justo donde nos encontrábamos. Le derramé el tinte sobre su lomo y cabeza. El animal dio un brinco alertado y furioso, cuando levantó la cabeza y miró hacia la copa del árbol donde nos encontrábamos, pudimos ver sus ojos enrojecidos y endemoniados, así como los resoplidos de fuego saliendo de la nariz y la boca. El animal volvió a lanzar esa mezcla de rebuzno relincho y se fue galopando hacia el fondo de la calle hasta que se perdió en el bosque. Nosotros nos quedamos un buen rato sobre el árbol, aterrados y con el corazón acelerado al máximo. Después reaccionamos y regresamos a nuestras casas. Esa noche, quienes habíamos visto los ojos de la Runa mula tuvimos dificultades para conciliar el sueño. Por suerte, el cansancio me venció y me quedé dormido.
Al día siguiente, al despertar, escuché un gran revuelo de voces procedentes de la calle. Gritos e insultos, frases burlonas y silbatinas. Fue entonces que mi abuela entró a la habitación muy furiosa.

-¿Qué hiciste ayer por la noche?
- ¿Yo? Nada ¿Por qué?
- Te sentí regresar muy tarde. ¡No me mientas!
- Yo no he hecho nada, abuela.
- ¡No me mientas! -ordenó mi abuela con energía.
- Bueno, solamente queríamos saber si esa señora era una Runa mula.
- Pues hiciste mal. No debiste hacerlo, ve a la calle y mira lo que has conseguido.

Le hice caso a mi abuela y fui a ver lo que sucedía. Algunos vecinos alertados por el tío de mi amigo Camilo acosaban la casa de la pobre mujer. El tío de Camilo les había contado que a esa mujer le habíamos comprobado su condición de Runa mula y que debía irse del barrio. Durante un buen rato estuvieron allí gritando e insultando, algunos más atrevidos tiraban piedras a la puerta y a las ventanas pero la mujer no se asomaba. Hasta que la puerta se fue abriendo los vecinos no dejaron de gritar ni tampoco de tirar piedras. Fue entonces que ella apareció en el umbral con una maleta pequeña y sin levantar la mirada cruzó entre toda la gente.
El barrio entero se quedó en un silencio expectante. Cuando la mujer pasó cerca de donde me encontraba, pude ver que lucía una mancha oscura de tinte de wito sobre el rostro.

No era la primera vez que esa mujer había sido descubierta como Runa mula. De hecho, había llegado a nuestro barrio luego de haber estado en muchos otros lugares de donde debía escapar cada vez que descubrían su secreto, pues era el único modo de evitar los crueles comentarios y el acoso de la gente. Mi abuela, entre tanto, mientras miraba a la mujer alejarse del barrio, me dijo:

-¡Hijo!, nadie debe molestar a una mujer con tal condición. Suficiente castigo tiene al sufrir por un amor desaparecido, por el dolor de su transformación y también por la soledad. Además, en este mundo, ningún sufrimiento puede ser más doloroso que una maldición de amor.




(Cuento publicado en el libro Siete misterios amazónicos)

 
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BUFEO COLORADO

Paseando con mi familia, en una canoa por el río,
en un día de sol y con bastante brillo,
cerca de una orilla descubrí, unos preciosos animales,
¡Que alegría que sentí!

Eran de color rosa, un rosa carmesí,
tan lindos y contentos, jugaban entre si.
Eran unos delfines que jugaban cerca,
saltaban y chillaban como niños en alberca,
no estaban tristes se los puedo asegurar,
estaban muy felices, se les veía disfrutar.

Mi madre hablo entonces y dijo: ¡ya no miren más!
son delfines mágicos, les pueden hipnotizar.

Son Bufeos colorados que te pueden engañar
para llevarte con ellos y no volver jamás,
les encantan las personas y salen a buscar,
alguien que les guste para poderse quedar.

Seas grande o chico, es mejor no mirar,
pues la magia del bufeo es su color singular,
rosado o colorado no importa cual,
su color es tan fuerte que te puede atrapar.

Es el Bufeo colorado que vive en el Amazonas,
y esta enamorado de todas las personas,
por eso tiene rosa la piel, si lo miras demasiado,
¡Te llevara con él!




(Cuento publicado en el libro: El pequeño bestiario amazónico)
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MADAME LAGUARD

Una elegante habitación color rosa
Un catre pequeño pintado de rojo
Un cuadro de Santa María
Una mesa de madera despintada
Un espejo triangular
Una silla de madera antigua
Un póster de Madona en actitud obscena
Una linterna

LAS IMÁGENES VAN SURGIENDO LENTAMENTE DE ENTRE LA PENUMBRA, UNA LUZ FIJA EMPIEZA A ALUMBRAR UN COSTADO DEL CATRE:

En el piso, el cuerpo semidesnudo de un hombre; entre sus manos tiene una botella de whisky; muy cerca, una copa con el liquido derramado sobre una alfombra de color claro. A un costado Augusto Roal observa fijamente al hombre sobre el piso y de manera autómata, mueve su cabeza de arriba hacia abajo, con movimientos entrecortados como un robot.
Monsieur Laguard se coge de los pelos y se recrimina ante la imagen de santa María.
Madame Laguard esta tirada sobre la mesa, tiene la blusa abierta y el ritmo acelerado de su respiración, hace que uno de sus senos sobresalga por momentos tímida y seductoramente. Esta boca arriba y canta “ La vida en Rosa ” en francés.

En off se deja escuchar la voz de Juan Pablo II.

El hombre que yace sobre el piso despierta violentamente y lanza un suspiro sensual, tiene un lado de la cara maquillado como mujer. Augusto Roal baja de la silla y con su chaqueta cubre el torso desnudo del hombre, que le da la espalda, mientras se alisa el pelo y cruza sus brazos ocultando su pecho.
Lentamente ambos se acercan a la mesa en donde Madame Laguard espera sentada y dice:

- “ tu y yo podríamos formar un cóctel especial... tu encima y yo debajo...”

Se apaga la voz de Juan Pablo II y una voz nasal repite:

- “ El orden de los factores no altera el producto ”.

Madame Laguard continua:

- “ hice el superior en un convento... y con los curas me gradúe en hombres y sobre todo en lengua...”

Saca una cajetilla de cigarros de entre sus senos y lo enciende. El hombre semidesnudo continua de pie y a duras penas puede aguantar su risa. Monsieur Laguard que lo había escuchado todo se pone de pie y dirigiéndose a la mujer dice:

- “ tu le das miedo, teme que le cobres diez mil como a mí lo haces... y eso que soy tu marido, eres solo una puta capitalista ”

- “ La verdad es que me apetece, pero no tengo ni un solo centavo ” - Agrega el hombre semidesnudo.

- “ Tengo pinta de puta...” - replica madame.

- “ Tal vez de puta fina ” - afirma Augusto Roal, que no deja de moverse como un robot.

Madame Laguard rodea a Augusto roal, le toma de las manos y le chupa los dedos libidinosamente.
De pronto se deja escuchar “El Réquiem” de Mozart y aparecen en escena ocho personajes en línea de a dos. Cada grupo de un color de vestido diferente. Unos de rojo y otros de negro. Los hombres de rojo toman prisionero a Augusto Roal y le cortan los dedos todavía empapados de saliva.
Los hombres de negro cogen al hombre semidesnudo y le cercenan el miembro; este no se inmuta y se cubre el rostro sollozando. El miembro es colocado en bandeja de plata y le es ofrecida a Madame Laguard.

Del póster colgado Madona sale de ella presurosamente y tristemente, acaricia el cuerpo semidesnudo del hombre y suavemente besa la llaga sangrante mientras canta: “I like virgin”.
Madame Laguard ríe escandola, gesticula ante el espejo, coge el miembro, bebe la sangre que chorrea y de pronto gira y se lo tira a sus perros “ Hitler ” y “ Alfonso el pinocho ”, quienes desesperados se pelean por tomar el miembro.
En fila india, los hombres aparecidos en escena salen de ella, quedando unicamente los primeros personajes.
Augusto Roal se acomoda en el piso, mientras que Madame Laguard se pone detrás de el y se monta en su espalda como en un caballo, mientras lo abraza y jadea.

Santa María en el cuadro se empieza a persignar lentamente y poco a poco, lo va haciendo mas y más rápido.
De repente Madona abandona al hombre semidesnudo y se lanza sobre Monsieur Laguard, que se emociona al tenerla.
Madame Laguard y Augusto Roal se revuelcan en el piso mientras intentan hacer el amor sin quitarse la ropa.
“Hitler” y “Alfonso el pinocho” se toman de la mano y se ponen a bailar.

Aparecen seis bufones en escena dando saltos y piruetas, llenando toda la escena de movimiento, rodean a todos los personajes. Madame Laguard y Augusto Roal casi desnudos, se esconden tras del catre. El hombre semidesnudo toma asiento sobre la silla y continua sollozando. Monsieur Laguard también se desnuda, mientras que Madona se contornea ante el espejo y canta “Sex”.

Los enanos bufones sacan de sus bolsillos cada uno una vela y las colocan convenientemente alrededor de tal modo que la luz artificial se apaga y quedan solo las luces desprendidas de las velas.
El hombre semidesnudo se golpea el pecho reprochándose. Madona se arrastra sobre el piso como una gata en celo. Augusto Roal deja a Madame y coge la botella de whisky, recoge la copa y se sirve un trago apresurado tras otro hasta embriagarse, se trepa a la mesa y recita un poema estúpido. Madame Laguard desilusionada coge una linterna y se lo introduce en la vagina. Santa María se horroriza y canta unas plegarias, Monsieur Laguard observa a su esposa y empieza a masturbarse, Augusto Roal termina de recitar y todos lo aplauden. Los enanos parados de cabeza repiten juntos:

- “ con los juegos que jugamos donde vamos a parar, purificación... purificación...

Todos en la escena se desnudan y se pintan el cuerpo de todos los colores, todo es risa y fiesta.

Santa María no soporta mas y se baja del cuadro, recorre el escenario, apaga las velas, todo es oscuridad, repentinamente se escucha el traqueteo y la luz relampagueante de una ametralladora.
Las luces están apagadas, hay unos breves segundos de silencio. La luz se va encendiendo lentamente, el espejo esta roto, a un costado el cuerpo de Santa María yace ensangrentado. Madona esta nuevamente en el póster con la misma actitud obscena. Todos los demás han desaparecido. Una voz en off repite monótonamente:

- “ Humillación y soledad...” “ Humillación y soledad ”

Se apagan las luces y él publico retorna a su propio laberinto...

RAFO DIAZ
Santiago de Chile
Marzo de 1994

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